LIBERTAD DE PRENSA

La libertad de expresión o de palabra fue consignada por la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789; lo había sido antes por la Bill of Rights (1688), durante la “Revolución gloriosa” inglesa y por la declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776). La Constitución de Cádiz hizo suya esta libertad, la cual fue retomada después por las Constituciones hispanoamericanas. La garantía de esta libertad era demanda Ilustrada, parte de ese movimiento orientado a sacudirse “el estado de tutela” en que se consideraba que se encontraba la humanidad y que exigía condiciones para que el individuo pudiera pensar, manifestar y difundir sus ideas sin previa censura y con amplios márgenes de tolerancia.​

Pero la definición misma de libertad de expresión —de la que se deriva la libertad de imprenta, si bien tiene un estatus propio—  ha estado siempre atada a la noción de  restricción,  pues la posibilidad de su ejercicio ha sido invariablemente considerada en relación con el interés colectivo. De esta suerte, las libertades de expresión y de imprenta han existido acompañadas de limitaciones —reglamentarias o de hecho, impuestas o autoinfringidas— y, con enorme frecuencia, también de represión. De esta suerte, la historia de las libertades de expresión y de prensa es también la historia de sus limitaciones. Este proyecto busca acercarse a estas dos historias inseparables.​​

Integrantes:

  • Ernesto Abraham Chimal Escamilla
  • Víctor Alberto Villavicencio Navarro